viernes, 25 de marzo de 2011

Maruri-Jatabe, un municipio comprometido con la seguridad

Abando Seguridad ha realizado para este ayuntamiento vizcaíno muy diversos trabajos bajo un mismo denominador común, la seguridad. Soluciones viales para mejorar la visibilidad y reducir el riesgo de atropello, antideslizantes para evitar caídas o señalización diversa, son algunos de ellos.

¿Cómo un pequeño municipio como este tiene una sensibilidad tan grande por la seguridad?

Entrevistamos a su alcalde, Joseba Alzaga, sobre el origen de esta preocupación y sobre las acciones concretas que han llevado a cabo en este sentido.

La población de Maruri-Jatabe está fundamentalmente formada por parejas jóvenes con hijos pequeños y por personas mayores jubiladas, que viven en sus caseríos familiares, normalmente dispersos y alejados del centro del pueblo. Una de las cuestiones más importantes, en opinión del alcalde, es fomentar las actividades saludables de todos los vecinos dentro de un entorno lo más seguro posible, teniendo en cuenta que cada colectivo tiene sus propias necesidades y merece una atención específica. 

Joseba nos explica una serie de iniciativas que se han llevado a cabo dentro de su política de prevención, como por ejemplo, un tratamiento antideslizante para suelo, para evitar que un pequeño puente de madera, junto al parque infantil, resultara peligroso en días de lluvia. Una manera sencilla y muy eficaz de evitar posibles sustos. Por otra parte, junto a dicho parque está situado el campo de fútbol, muy cerca de la carretera general.

Para evitar que al escaparse el balón, algún niño pudiera tener la tentación de correr tras él y pudiera ser atropellado, el ayuntamiento encargó un cerramiento especial que por su propia altura impidiese que esto ocurriera. Parece que el resultado ha sido excelente.

Los vecinos agradecen este tipo de soluciones, ya que son ellos quienes conviven con los riesgos. “Lo importante es concienciar a la gente”, afirma. “Hay que combinar todas estas acciones con una labor de sensibilización”. Nos lo explica con otro ejemplo. “Hace un tiempo llevamos a cabo un bidegorri (carril para bicicletas) aprovechando parte de una calzada.
Tuvimos que hacer un gran esfuerzo en cuanto a la señalización, pasos de peatones, separación de calzadas, señales de ceda el paso, etc". Los vecinos han valorado positivamente el resultado y cumplen la señalización.

El consistorio también ha realizado un importante esfuerzo en cuanto a la señalización de tráfico en caminos vecinales, parques e instalaciones del municipio, que, como en el caso de las piscinas, son muy utilizadas por los vecinos y por gran número de personas que se acercan hasta este pueblo para disfrutar precisamente de las actividades saludables que ofrece.

De cara al futuro, la corporación municipal acaba de iniciar un estudio sobre el estado y las condiciones de accesibilidad de los caseríos, muy antiguos la mayoría de ellos, y ocupados en gran medida por personas mayores que necesitan de ciertas condiciones mínimas de seguridad. Es un proyecto en el que se ha involucrado todo el ayuntamiento. Se trata de ver si estos hogares cumplen las condiciones mínimas en aspectos tan básicos como el tipo de suelo o situación de las escaleras, instalaciones de gas y calefacción, accesibilidad, etc. Con los resultados obtenidos tratarán de establecer las mejoras necesarias para solventar posibles riesgos.

La conclusión que sacamos de esta entrevista es muy clara. Cuando la prevención figura entre los primeros puestos en la escala de prioridades, todo avanza en el sentido correcto. La seguridad no es sinónimo de grandes inversiones ni grandes infraestructuras, la seguridad es, simplemente, una forma de garantizar la calidad de vida.

Por último, agradecer a Joseba Alzaga su amable colaboración y felicitarle por su compromiso con la seguridad.
Artículo elaborado por: Cristina Ruiz.

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jueves, 10 de marzo de 2011

La meteorología al servicio de la sociedad

A lo largo de 2010 se produjeron 950 desastres naturales, que causaron 295.000 muertos y daños económicos por valor de casi 98.000 millones de euros. Cifras que dan vértigo y que no siempre somos capaces de asimilar. Estamos hablando de un número de fallecidos que equivale a la población entera de Vigo o Gijón, mayor que la de A Coruña, Vitoria-Gasteiz o Granada, y pérdidas económicas equivalentes a más de 2.000 € por español. Y todo esto en un solo año.

Por otro lado, durante la redacción de este artículo, hemos sido testigos de como el noreste de Japón ha sido abatido por una catástrofe de magnitudes inimaginables.

Todo esto nos hace reflexionar sobre la importancia que puede tener la previsión de estos fenómenos a la hora de minimizar las consecuencias tanto a nivel económico como humano.

Los servicios de información meteorológica, son los que se encargan de prever algunas de estas situaciones y alertar a la población de sus peligros y posible intensidad.

Pero, ¿Cómo se logra esto?



Para responder a esta pregunta y muchas más hemos pedido ayuda a Pedro Mª Martínez, geólogo de profesión y meteorólogo “de vocación” y formación. Curiosamente, en España no existen estudios universitarios de meteorología. “Si que hay estudios especializados en ella, pero ninguna carrera universitaria específica”. Para ello, hay que acudir a otros países, como Estados Unidos. Normalmente se accede a través de carreras como física o en su caso, geología. Pedro combina su labor profesional en una empresa privada con colaboraciones en diversos medios de comunicación. Es el responsable de la sección del tiempo de los viernes del periódico El Correo, grupo con el que también participa con los boletines del tiempo de las 8 y 9 menos diez de la mañana en la emisora Punto Radio. Así mismo, trabajó durante cinco años en Radio Popular y durante dos años fue el responsable de la información meteorológica en el programa “protagonistas” de la periodista Almudena Cacho en la emisora del grupo El Correo.

Pedro nos explicó que hoy en día se realiza un trabajo conjunto entre los profesionales de la meteorología y los servicios de protección civil, para coordinar las acciones a realizar ante este tipo de problemas y las acciones encaminadas a la prevención de sus posibles consecuencias. Para ello, se diseñan una serie de situaciones de alerta (por colores), estipuladas previamente y que son básicamente las siguientes:


*Alerta amarilla: no existe riesgo para la población en general, pero si para alguna actividad concreta. Son fenómenos habituales pero pueden ser peligrosos. Ej.: Actividades en el mar un día de viento, fuerte oleaje, etc.
*Alerta naranja: Existe un riesgo meteorológico importante, no son muy habituales, pero representan cierto riesgo o peligro.
*Alerta roja: Existe un riesgo meteorológico extremo. Ej.: Ciclogénesis explosiva.

Una vez que los meteorólogos dan el aviso, (la alerta), el gobierno, mediante sus servicios de protección civil pondrán en marcha los protocolos de actuación y prevención correspondientes.


¿Pero, cómo se efectúa realmente un pronóstico meteorológico?.
En pocos años, la metereología ha evolucionado mucho, gracias a internet. “Hoy en día podría hacerte una previsión del tiempo en cualquier parte del mundo sin salir de esta habitación”, aseguró, “y con un margen de error realmente pequeño”. Y es que lejos quedan los tiempos en los que los datos recogidos por los institutos nacionales de meteorología eran guardados escrupulosamente en secreto y muy pocos podían acceder a ellos. Actualmente cualquiera puede acceder a todo tipo de datos y mediciones en cada rincón del mundo a través de Internet. “Nuestra labor consiste en saber interpretar todos ellos para sacar las conclusiones y elaborar los pronósticos”.


Pronosticar el tiempo requiere del conocimiento exhaustivo de la atmósfera, de su dinámica y de la interpretación de modelos y mapas sinópticos que muestran el estado atmosférico a nivel global. Todo ello aderezado con la experiencia particular de cada meteorólogo. Los datos, como la temperatura, humedad relativa del aire, presión atmosférica, dirección y velocidad del viento, entre otros, se recogen de forma automática, sin intervención humana y la información se transmite vía radio o internet a unos potentes ordenadores donde elaborarán los correspondientes mapas del tiempo”, nos explica.
Por otro lado, existen los llamados observadores de meteorología, que pertenecen a una red de observadores aficionados, que recogen toda la información de forma manual de diferentes parámetros meteorológicos como temperatura, humedad relativa, precipitación, presión atmosférica, estado del cielo, etc, en lugares estratégicos escogidos en función de determinados factores.


El pronóstico, siempre tiene un grado de incertidumbre
Aún así, no se trata de una ciencia exacta y muchas veces nos preguntamos porqué ante una misma situación existen pronósticos tan diferentes entre sí. Pedro nos ayuda a entenderlo: “Partiendo que la meteorología no es un ciencia exacta (aunque se ha avanzado mucho), el acierto al 100% no existe. Y cuanto más alejemos en el tiempo el día de predicción, aumenta el margen de error. Son pronósticos del tiempo y no informes del tiempo”.



Los motivos pueden ser diferentes. La “interpretación” de los modelos meteorológicos la hace un meteorólogo, y dependiendo de su experiencia, conocimiento del medio físico, etc, resulta un pronóstico u otro. Hay situaciones en las que es más o menos difícil la interpretación, por la orografía, altitud, cercanía o no al mar, dirección del viento, etc,…

Para realizar un pronóstico se tiene en cuenta multitud de variables y un cambio en una sola de ellas (por ejemplo en la dirección o intensidad del viento), puede dar al traste un pronóstico.
Entonces, ¿Qué fiabilidad tiene un pronóstico del tiempo como los que se emiten por las televisiones o las radios?. Según nuestro experto, ”A uno o dos días ronda el 80-90% de acierto, a más de tres días la fiabilidad baja de forma notable".

Para terminar, con la ayuda de nuestro colaborador hemos confeccionado un pequeño "diccionario de términos meteorológicos” que estamos acostumbrados a escuchar en los pronósticos del tiempo y que si conocemos, nos ayudarán a entenderlo todo un poco mejor y quién sabe si a poder actuar de manera más eficaz si nos encontramos algún día en una situación de este tipo.

Artículo elaborado por: Cristina Ruiz.

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martes, 1 de marzo de 2011

Con los cables que se encuentran bajo la ciudad de Nueva York se podría dar la vuelta al mundo 4 veces


A 30 cm. por debajo de la ciudad de New York, nos encontramos con 150.000 km. de cables eléctricos.
En los siguientes 50 cm., 11.000 km. de conductos de gas y más de 10.000 km. de conducciones de agua.

4.000 km. de galerías y colectores recorren el subsuelo de Madrid.
En todas partes convivimos con una maraña subterránea de canalizaciones de todo tipo.

Todo esto será necesario, pero... ¿estamos realmente seguros?
A la vista de estos datos, está clara la complejidad que puede conllevar la realización de cualquier obra que suponga abrir zanjas, ante el elevado riesgo de romper accidentalmente alguna canalización subterránea de gas, electricidad, telefonía, agua, ...

Cuántas veces habremos escuchado noticias en las que el consternado conductor de una excavadora y su empresa, se convierten en protagonistas involuntarios de la interrupción de suministro eléctrico a un gran aeropuerto, al metro de una gran ciudad, a miles y miles de hogares, etc.

Efectivamente una ciudad, incluso gran parte de un país, puede quedar paralizado por una negligencia. Negligencia, seamos justos, no del operario, sino de quien no ha puesto los medios para evitarlo.
Y es que cualquier rotura de una canalización va a resultar como mínimo molesta para los usuarios y además su reparación gravosa, tanto para el propietario como para la empresa excavadora. Por si esto no fuese suficiente, además puede paralizar servicios esenciales para la comunidad poniendo en peligro vidas humanas. Servicios como bomberos, protección civil, ambulancias, etc. pueden verse afectados.

Y es que imaginémonos lo que puede suponer para servicios de atención de emergencias, servicios sanitarios, o incluso entidades bancarias, ver interrumpidos sus servicios de telefonía o de transmisión de datos.

Pero no hay que olvidar otro aspecto en la rotura involuntaria de una canalización subterránea, y es la del propio peligro que entraña tanto para los operarios que tienen la mala suerte de toparse con la conducción como para la población próxima en el momento del siniestro, dada la gravedad de los riesgos de electrocución o de explosión.

Toda conducción subterránea debe estar correctamente señalizada. Tanto las empresas propietarias de la canalización, como la empresa instaladora o las autoridades, deben velar para que esto sea así efectivamente.

Por ejemplo, las empresas eléctricas, a través de su asociación UNESA, establecen sus normas de señalización de obligado cumplimiento en su ámbito.

En las zanjas para canalizaciones subterráneas, tanto para cable de alta como de baja tensión, se emplea una cinta en color amarillo que se entierra 30 cm. por encima del cable. De esta manera, al iniciarse la excavación, nos encontramos primero con esta cinta que lleva la inscripción “¡ATENCIÓN! DEBAJO HAY CABLES ELÉCTRICOS”. Esta es la advertencia de que por debajo de ella hay cables enterrados, y así poder tomar las medidas oportunas.

A demás de estas cintas, hay otras que permiten por su composición ser detectadas desde la superficie.

Si lo deseáis, podéis conocer más datos de estos productos a través de El Rincón de las Soluciones o bien contactando con Abando Seguridad, empresa homologada por Iberdrola.


Artículo elaborado por: Yolanda Ugarte

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